sábado, 7 de noviembre de 2015
La evolución de la responsabilidad penal individual
30-09-1999 Revista
Internacional de la Cruz Roja Nº 835 pp.531 - 554 por Edoardo
Greppi
La
evolución de la responsabilidad penal individual bajo el derecho internacional
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Resumen: Aunque la idea de la responsabilidad penal
individual por violaciones del derecho internacional es antigua, de hecho,
fueron los procesos contra los principales criminales de guerra, tras la II
Guerra Mundial, los que hicieron de dicha idea una realidad incuestionable e
inobjetada. El autor hace un seguimiento a la evolución de la noción de crimen
internacional hasta nuestros días, recordando las primeras experiencias de la
Edad Media, examinando luego la jurisprudencia de los Tribunales de Nuremberg y
de Tokio, la actividad de los Tribunales ad hoc para la ex Yugoslavia y
Ruanda y las disposiciones establecidas para la creación de la Corte Penal
Internacional. Se presta especial atención al desarrollo de la noción de
"crimen contra la humanidad". Con el refuerzo de la idea de la
responsabilidad individual y con su concretización en el plano penal se ponen
igualmente de relieve los nexos existentes entre derecho internacional humanitario
y derechos humanos.
Las
disposiciones jurídicas internacionales sobre crímenes de guerra y crímenes en
contra de la humanidad se han aprobado y desarrollado en el marco del derecho
internacional humanitario, o del derecho de los conflictos armados, rama
especial del derecho internacional que tiene sus propias peculiaridades y que
en los últimos 50 años ha experimentado un intenso período de crecimiento,
evolución y consolidación.
Las
normas del derecho humanitario relativas a los crímenes y a la responsabilidad
internacionales no siempre han parecido lo suficientemente claras. Uno de los
problemas más espinosos es el relacionado con la naturaleza jurídica de los
crímenes internacionales cometidos por individuos y considerados como
violaciones graves a las normas del derecho humanitario [1]. Con respecto a la
tripartición tradicional de éstos - crímenes contra la paz, crímenes de guerra
y crímenes de lesa humanidad- este documento se consagrará básicamente a las
dos últimas categorías, más estrechamente vinculadas a la esencia del derecho
internacional humanitario y de mayor interés en este tormentoso final del siglo
veinte. En efecto, el mundo se enfrenta hoy a una inquietante proliferación de
conflictos cuya naturaleza no es ya internacional [2], como era el caso
tradicionalmente, y en los que, por lo que atañe a la clasificación de los
delitos, el problema fundamental parece ser la difuminación de la línea
divisoria entre crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Sea como
fuere, ambos tipos de crímenes, junto con el crimen del genocidio, quedan
comprendidos dentro del más amplio concepto de crimina juris gentium. Se
ha dejado de lado la categoría de crímenes contra la paz, pues su ámbito es más
difuso y las particularidades que presentan implican una estrecha conexión con
el jus ad bellum.
En
la siguiente sección se tratará de analizar el desarrollo de los crímenes en el
marco jurídico internacional y jurisdiccional, empezando por los precedentes
más dudosos (incluso los del pasado más distante) y luego centrando la atención
principalmente en las decisiones de los Tribunales Militares Internacionales de
Nuremberg y de Tokio. Las actividades de estos Tribunales marcaron el inicio de
una importante evolución jurídica, que se definió posteriormente más claramente
con la instauración de los Tribunales ad hoc para ex Yugoslavia y para
Ruanda, y por último, aunque no por ello menos importante, con la conferencia
diplomática que aprobó el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
En
una conclusión breve se harán algunos comentarios generales y se aludirá a la
perspectiva de evolución del sistema internacional siguiendo varias tendencias
manifestadas al interior de las Naciones Unidas [3], especialmente en el seno
de su Comisión de Derecho Internacional.
Crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad: origen y
evolución de la esfera jurídica
Antes
de los procesos de Nuremberg y de Tokio
Ya
en el Estatuto para el Gobierno del Ejército, publicado en 1386 por el rey
Ricardo II de Inglaterra, se establecían límites para la conducción de
hostilidades y se prohibían - so pena de muerte- los actos de violencia contra
las mujeres y los sacerdotes desarmados, el incendio de casas y la profanación
de iglesias. En los códigos promulgados por Ferdinando de Hungría en 1526, por
el Emperador Maximiliano II en 1570 (los artículos 8 y 9 comprendían normas
humanitarias) y por el rey Gustavo II Adolfo de Suecia en 1621 se estipulaban
disposiciones de esta misma naturaleza [4]. El artículo 100 de los Artículos de
Guerra decretados por Gustavo II Adolfo disponían que ningún hombre debía
"ejercer la tiranía sobre ningún clérigo o anciano, hombres o mujeres,
doncellas o niños".
El primer proceso por crímenes de guerra parece haber sido el de Peter von Hagenbach, el año de 1474 [5]. Ya en ese entonces - como durante y después del Proceso de Nuremberg- el castigo del acusado giraba en torno a la cuestión del acatamiento de las órdenes superiores [6]. Carlos el Temerario, Duque de Borgoña (1433-1477), conocido por sus enemigos como Carlos el Terrible, había colocado a Landvogt Peter Von Hagenbach al mando del gobierno de la ciudad fortificada de Breisach, en el Alto Rin. El gobernador, siguiendo con excesivo celo las instrucciones de su señor, instauró un régimen de arbitrariedad, brutalidad y terror a fin de reducir la población de Breisach al sometimiento total. Los homicidios, las violaciones, la imposición ilegal de impuestos y la confiscación arbitraria de la propiedad privada se volvieron prácticas generalizadas. Todos estos actos violentos se cometían también contra los habitantes de los territorios vecinos, y afectaban igualmente a los mercaderes suizos en su camino hacia la feria de Francfort. Una gran coalición (Austria, Francia, Berna y las ciudades y caballeros del Alto Rin) puso fin a las ambiciosas metas del poderoso Duque (quien además quería ser rey e incluso ganar la corona imperial); el sitio de Breisach y una rebelión de sus mercenarios germanos y de los ciudadanos locales acarrearon la derrota de Hagenbach, preludio de la muerte de Carlos en la Batalla de Nancy (1477). Ya un año antes de la muerte de Carlos, el Archiduque de Austria, bajo cuya autoridad se capturó a Hagenbach, había ordenado el proceso del sanguinario gobernador. En vez de remitir el caso a un tribunal ordinario, se instauró una corte ad hoc, conformada por 28 jueces de la coalición aliada de Estados y ciudades. En su calidad de soberano de la ciudad de Breisach, el Archiduque de Austria designó al juez que presidiría el tribunal. Habida cuenta de la situación de Europa por aquella época - el Sacro Imperio Romano se había desintegrado a tal punto que las relaciones entre sus diferentes entes habían adquirido un carácter propiamente internacional, y Suiza se había independizado (aunque todavía no se había reconocido oficialmente)-, cabe concluir que el tribunal era una verdadera corte internacional [7].
En
el proceso, un representante del Archiduque que actuaba como demandante,
declaró que von Hagenbach había "pisoteado las leyes de Dios y del
hombre". Más precisamente, al acusado se le formulaban cargos por
homicidio, violación, perjurio, y otros malefacta, entre los que se
incluía el impartir órdenes a sus mercenarios no germanos de matar a los
hombres en las casas donde se alojaran para que las mujeres y los niños
quedaran a su merced. El argumento de la defensa, basado esencialmente en la
carta del acatamiento de órdenes superiores, sostenía que "Sir Peter von
Hagenbach no reconoce otro juez ni señor diferente al Duque de Borgoña",
cuyas órdenes no podía cuestionar. "¿No se sabe acaso que los soldados
deben absoluta obediencia a sus superiores?". Esta consideración básica
fue subrayada por el hecho de que el mismo Duque había confirmado y ratificado,
personalmente, ex post factum que "todo se había hecho en su
nombre". Von Hagenbach solicitó un aplazamiento para pedirle al Duque que
confirmara sus argumentos, pero el tribunal se negó a concedérselo por
considerar la solicitud contraria a las leyes de Dios y porque los crímenes
cometidos por el acusado ya habían quedado plenamente establecidos. Así pues,
el tribunal halló culpable al acusado y von Hagenbach, privado de su grado de
caballero y de los privilegios que éste le otorgaba (por haber cometido
crímenes que tenía la obligación de prevenir), fue ejecutado tras la orden:
"Que se haga justicia" impartida por el alguacil.
Este
caso es sumamente interesante por varias razones. Si bien no es fácil
determinar que los actos en cuestión eran crímenes de guerra, pues en su
mayoría se cometieron antes de haberse declarado oficialmente el
desencadenamiento de las hostilidades, en la época (al igual que hoy) la
frontera entre guerra y paz era difícil de distinguir y más
"imprecisa" que en los siglos posteriores. Sea como fuere, Breisach debía
considerarse como un territorio ocupado. Además, incluso si es difícil
clasificar estos actos como crímenes de guerra, pueden, no obstante,
considerarse como manifestaciones tempranas de lo que ahora se conoce como
"crímenes de lesa humanidad".
Varios
siglos transcurrieron antes de que se sentaran las bases para la incriminación
de individuos por crímenes de guerra considerados como violaciones graves al
derecho aplicable en los conflictos armados internacionales. Durante la Guerra
Civil estadounidense (1861-1865), el Presidente Abraham Lincoln promulgó el
Código Lieber (Instrucciones para el Mando de los Ejércitos de los Estados
Unidos en el Terreno, Órdenes Generales No 100, del 24 de abril de 1863) [8].
Este texto, preparado por Francis Lieber, profesor de derecho en el Columbia
College de Nueva York, y revisado por un consejo de oficiales, constituye el
primer intento de codificar las leyes de la guerra. En el artículo 44 se
estipula que serán punibles "todo acto de violencia desaforada cometido
contra personas en el país invadido, toda destrucción de la propiedad",
"así como el robo, el pillaje o saqueo", "la violación sexual,
la lesión, la mutilación o el asesinato de dichos habitantes" (estos actos
caen estrictamente dentro del ámbito de los crímenes de guerra). En el artículo
47, se estipula que se considerarán como perpetrados "en nuestro propio
país" y se castigarán severamente los "crímenes castigados por todos
los códigos penales", como "el incendio intencional, el homicidio, la
mutilación, el asalto, el atraco en la vía pública, el robo, el allanamiento de
morada, el fraude, la falsificación y la violación sexual" cuando son
cometidos por un soldado estadounidense en territorio de un Estado enemigo.
Aunque exclusivamente destinado a los soldados estadounidenses y obligatorio
sólo para ellos, el Código Lieber tuvo asimismo una gran influencia en los
reglamentos militares de otros ejércitos.
En
el siglo XX se dio otro paso adelante. Tras la Primera Guerra Mundial, el
Tratado de Versalles del 28 de junio de 1919 - en sus artículos 228 y 229-
estableció el derecho de las Potencias aliadas a enjuiciar y castigar a los
individuos responsables de "violaciones de las leyes y costumbres de la
guerra" [9]. En particular, en el artículo 228 se afirmaba que "el
Gobierno alemán reconoce el derecho de las Potencias aliadas y asociadas a
someter a los tribunales militares a las personas acusadas de haber cometido
actos en violación de las leyes y costumbres de la guerra". Por lo tanto,
el Gobierno alemán tenía la obligación de entregar a "todas las personas
acusadas", a fin de que un tribunal militar aliado pudiera juzgarlas. Se
disponía que, en caso de que un individuo fuese declarado "culpable de
actos criminales contra nacionales de más de una de las Potencias aliadas y
asociadas", podía constituirse un tribunal internacional.
Por otra parte, en el artículo 227 se afirmaba que el Kaiser Wilhelm II de Hohenzollern era responsable "de un delito se suma gravedad contra la ética internacional y la inviolabilidad de los tratados". Así pues, para juzgar al acusado las Potencias aliadas aprobaron la conformación de un "tribunal especial" compuesto por jueces designados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón. "En su decisión, el tribunal deberá guiarse por los más altos designios de política internacional, con miras a reivindicar las obligaciones solemnes de los compromisos internacionales y la validez de la ética internacional". Las Potencias acordaron someter asimismo al Gobierno de los Países Bajos una solicitud de entrega del Emperador, iniciativa que no tuvo éxito. Como se puede observarse, las disposiciones de este artículo anticipaban la categoría de "crímenes contra la paz", que debía surgir después de la Segunda Guerra Mundial.
Los
Convenios de La Haya de 1899 y de 1907, así como el Convenio de Ginebra de 1929
relativo al trato debido a los prisioneros de guerra no contenían disposiciones
sobre el castigo de individuos que violaran sus normas [10]. Únicamente el
Convenio de Ginebra de 1929 para mejorar la suerte de los heridos y enfermos de
las fuerzas armadas en campaña contenía, en su artículo 30, una disposición
poco severa [11]. Sin embargo, más tarde, en el Proceso de Nuremberg se hizo
referencia a estos Convenios.
Los
Tribunales Internacionales de Nuremberg y de Tokio
No
fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se inició un movimiento al
interior de la comunidad internacional, que claramente comenzó a crear una
conciencia más clara de la necesidad de entablar juicios por violaciones graves
a las leyes de guerra [12], en los que se considerara tanto la responsabilidad
tradicional de los Estados [13] como la responsabilidad personal de los
individuos [14]. En vista de los atroces crímenes cometidos por los nazis y por
los japoneses, las Potencias aliadas concertaron rápidamente acuerdos entre sí
y, posteriormente, instauraron los Tribunales Internacionales Militares de
Nuremberg y Tokio "encargados del juicio y castigo de criminales de guerra
por delitos carentes de una ubicación geográfica particular, independientemente
de que dichos individuos estén acusados de manera individual, en calidad de
miembros de organizaciones o grupos, o en ambas calidades" [15]. Estas
jurisdicciones especiales tuvieron también en cuenta las nuevas categorías de
crímenes contra la humanidad [16] y de crímenes contra la paz.
El
artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg
estableció las bases jurídicas para el enjuiciamiento de individuos acusados de
los siguientes actos:
-
Delitos contra la paz: planear, preparar, iniciar o hacer una guerra de
agresión, o una guerra que viole tratados [17], acuerdos o garantías
internacionales, o participar en un plan común o conspiración para la
perpetración de cualquiera de los actos [arriba] mencionados.
-
Delitos de guerra: violaciones de las leyes y costumbres de la guerra. A
continuación se da una lista de ellos, en la que se incluyen, inter alia,
el asesinato, el maltrato o la deportación para trabajar en condiciones de
esclavitud o con cualquier otro propósito, de la población civil de territorios
ocupados o que en ellos se encuentre; el asesinato o el maltrato de prisioneros
de guerra o de personas que se hallen el mar; la ejecución de rehenes, el
saqueo de la propiedad pública o privada, la destrucción injustificable de
ciudades, villas o aldeas, o la devastación no justificada por las necesidades
militares.
-
Delitos contra la humanidad: el asesinato, el exterminio, la
esclavización, la deportación y otros actos inhumanos cometidos contra cualquier
población civil, antes de la guerra o durante ella, o las persecuciones por
motivos políticos, raciales o religiosos, cuando sean cometidos al perpetrar un
delito sujeto a la jurisdicción del Tribunal o en relación con tal delito, e
independientemente de que el acto implique o no una violación del derecho
interno del país donde se haya cometido" [18].
Por
lo que atañe a la jurisdicción ratione personae, ésta cubría a los
"dirigentes, los organizadores, los instigadores y los cómplices" que
hubieran participado en la preparación o ejecución de un plan común o
conspiración para cometer cualquiera de esos delitos; todos ellos quedaban
incluidos en la frase: "serán responsables de todos los actos realizados
por cualesquiera personas en ejecución de tal plan".
El
patrimonio jurídico internacional después de los procesos de Nuremberg y de
Tokio
Los
procesos de Nuremberg (y, con un menor impacto, los procesos de Tokio)
emitieron un gran número de fallos que contribuyeron ampliamente a la formación
de la jurisprudencia con respecto a la responsabilidad penal individual a la
luz del derecho internacional [19]. La experiencia jurisdiccional de Nuremberg
y Tokio marcó el inicio de un proceso gradual de formulación precisa y de
consolidación de principios y normas, durante el cual algunos Estados y
organizaciones internacionales (en particular, las Naciones Unidas y el Comité
Internacional de la Cruz Roja) lanzaron iniciativas para conseguir la
codificación mediante la aprobación de tratados. Ya el 11 de diciembre de 1946
la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por voto unánime la
Resolución 95(I), titulada "Confirmación de los Principios del Derecho
Internacional reconocidos por el Estatuto del Tribunal de Nuremberg" [20].
Después de haber "toma[do] nota" del Acuerdo de Londres del 8 de
agosto de 1945 y del Estatuto anexo al mismo (y de los documentos paralelos
relativos al Tribunal de Tokio), la Asamblea General tomó dos cruciales
medidas. La primera tenía una importancia jurídica considerable: la Asamblea
General "confirmaba" los principios de derecho internacional
reconocidos por el Estatuto del Tribunal de Nuremberg y por las sentencias de
dicho Tribunal. Esto significaba que, en concepto de la Asamblea General, el
Tribunal había tenido en cuenta los principios vigentes de derecho
internacional que dicho tribunal simplemente debía "reconocer". La
segunda era el compromiso de codificar dichos principios, tarea encomendada a
la Comisión de Derecho Internacional (CDI), órgano auxiliar de la Asamblea
General de las Naciones Unidas. Mediante esta resolución, las Naciones Unidas
confirmaban que había una serie de principios generales pertenecientes al
derecho consuetudinario que habían "reconocido" el Estatuto del
Tribunal de Nuremberg y sus sentencias, que parecía ser importante
incorporarlos a un instrumento de codificación más amplio (bien fuera mediante
una "codificación general de los delitos contra la paz y la seguridad de
la humanidad" bien, incluso, mediante un "código penal internacional").
La resolución reconocía asimismo el carácter consuetudinario de las
disposiciones contenidas en el Acuerdo de Londres [21].
En
1950, la CDI aprobó un informe sobre los "Principios de Derecho
Internacional reconocidos por el Estatuto y por las sentencias del Tribunal de
Nuremberg" [22]. El informe de la CDI no discute si esos principios
forman, o no, parte del derecho positivo, o hasta qué punto lo hacen. Para la
CDI, la Asamblea General ya había "confirmado" que formaban parte del
derecho internacional. Así pues, la CDI se limitó a redactar el contenido de
dichos principios.
El
Principio I establece que "toda persona que cometa un acto que constituya
un delito de derecho internacional, es responsable del mismo y está sujeta a
sanción". El principio representa el reconocimiento oficial del hecho de
que el individuo - en el sentido más amplio ("toda persona")- puede
ser considerado responsable de haber cometido un delito. Y éste puede ser el
caso incluso si el derecho interno no considera que dicho acto constituya un delito
(Principio II). Los Principios III y IV estipulan que una persona que actúe en
calidad de Jefe de Estado o de autoridad del Estado, o que actúe en
cumplimiento de una orden de su Gobierno o de un superior jerárquico, no serán
por ello exoneradas de responsabilidad. Estos dos principios confirman lo que
se había dispuesto en los artículos 7 y 8 del Estatuto de Nuremberg. El
artículo 8, relativo a las órdenes superiores, aceptaba la posibilidad de
atenuar la pena "si el Tribunal determina que la justicia así lo
requiere".
El
Principio IV del texto de la CDI modifica el enfoque: no se exime de
responsabilidad al individuo "si efectivamente ha tenido la posibilidad
moral de opción". Se deja así un gran poder discrecional a los tribunales
que deben decidir si el individuo tenía o no realmente la "posibilidad
moral" de negarse a cumplir una orden impartida por un superior.
El
Principio VI codifica las tres categorías de crímenes establecidas en el
artículo 6 del Estatuto de Nuremberg. Lo que en el Acuerdo de Londres se
definía como "delitos que caen dentro de la jurisdicción del
Tribunal" se formula ahora como "delitos, en derecho
internacional", usando los mismos términos del artículo 6. El Principio VI
constituye la esencia de un posible código penal internacional. La afirmación
de los principios de Nuremberg mediante la resolución de la Asamblea General de
1946 y su formulación por parte de la Comisión de Derecho Internacional fueron
pasos importantes hacia el establecimiento de un código de crímenes internacionales
que acarrean la responsabilidad individual. Pero había más progresos por venir.
Ya
el 9 de diciembre de 1948, en vísperas de la aprobación de la Declaración
Universal de Derechos Humanos, gracias a un importante desarrollo del concepto
de crímenes de lesa humanidad se llegó a la aprobación (56 votos a favor y
ninguno en contra) de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de
Genocidio [23]. La Convención, que entró en vigor el 12 de enero de 1951,
clasifica claramente el genocidio, cometido en tiempo de paz o de guerra, como
un delito de derecho internacional. El artículo 2 define el genocidio como
"actos [...] perpetrados con la intención de destruir, total o
parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso", tales
como: matanza de miembros del grupo; lesión grave a la integridad física o
mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a
condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o
parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo. El artículo 3 de la
Convención dispone que se consideran punibles dichos actos así como los
diversos grados de participación en ellos: la asociación para cometer los
actos, la instigación directa y pública, las tentativas y la complicidad. Pero
es el artículo 4 el que establece la obligación de castigar no solamente a los
"gobernantes" o a los "funcionarios", sino también a los
"particulares". El artículo 6, por su parte, determina que tanto los
tribunales nacionales como los internacionales son competentes para enjuiciar a
los infractores.
Se
deduce que esta importante Convención introduce un nuevo delito a la luz del
derecho internacional, directamente ligado con la categoría penal ya
establecida en el artículo 6 del Estatuto de Nuremberg, es decir, la de delitos
de lesa humanidad. Nuevamente, el derecho internacional convencional va mucho
más allá de los límites tradicionales de la responsabilidad del Estado, poniendo
de relieve que, respecto de las obligaciones dimanadas de una rama particular
del derecho internacional, los individuos están "en la primera
línea". Y manteniendo la tendencia de los documentos anteriores, la
Convención sobre el Genocidio presenta una amplia definición del delito del
genocidio y de los diferentes niveles de participación en él (actos directos,
asociación, instigación, tentativa, complicidad). La Corte Internacional de
Justicia [24] reconoció el carácter consuetudinario de los principios que
constituyen los fundamentos de la Convención.
Poco
después, los cuatro Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949,
redactados por iniciativa del CICR tras las dramáticas experiencias de la
Segunda Guerra Mundial, reformaron todo el sistema de protección de las
víctimas de la guerra basado en tratados [25]. Las Partes en esos Convenios
contraen la obligación fundamental general de "respetar y hacer
respetar" sus disposiciones "en todas las circunstancias"
(artículo 1 común a los cuatro tratados). Un capítulo completo de cada uno de
los Convenios de Ginebra versa sobre los actos cometidos contra personas
protegidas. Estos actos se denominan "infracciones graves" [26] - y
no crímenes de guerra- [27] pero, sin duda alguna, a la luz del derecho
internacional son crímenes. Dichos actos se definen de manera detallada en los
artículos 50, 51, 130 y 147 del I, II, III y IV Convenios, respectivamente, e
incluyen delitos como el homicidio intencional, la tortura o los tratos
inhumanos (incluidos los experimentos biológicos), el hecho de causar
deliberadamente grandes sufrimientos o de atentar gravemente contra la
integridad física o la salud, la destrucción a gran escala o la apropiación de
bienes, el hecho de forzar a un prisionero de guerra a servir en las fuerzas
armadas de la Potencia enemiga o el hecho de privarlo deliberadamente del
derecho a ser juzgado legítima e imparcialmente, la deportación ilegal, la
transferencia o confinamiento de una persona protegida y la toma de rehenes
"no justificadas por necesidades militares y efectuadas a gran escala
ilícita y arbitrariamente". Por lo que atañe al ámbito de aplicación ratione
personae, los Convenios establecen la responsabilidad de los autores
directos de estas infracciones graves y la de sus superiores. El alcance de las
normas es, de hecho, muy amplio ya que la palabra "persona" comprende
tanto a los civiles como a los combatientes, independientemente de que estos
últimos sean miembros de fuerzas oficiales o no oficiales.
La Convención de La Haya de 1954 para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado encomienda a las Altas Partes Contratantes la protección de lo que se ha denominado el "patrimonio cultural de la humanidad". Ellas deben "tomar, dentro del marco de su sistema de derecho penal, todas las medidas necesarias para descubrir y castigar con sanciones penales o disciplinarias" a las personas "que hubieren cometido u ordenado que se cometiera una infracción" de la Convención [28].
En
los dos Protocolos de 1977 adicionales a los Convenios de Ginebra de 1949 se
agregaron reglas más precisas a un sistema jurídico que se ha vuelto amplio
[29]. En particular, el artículo 11 fortalece la protección de los individuos
por lo que atañe a su salud e integridad física y mental, disponiendo que esas
violaciones graves constituyen una infracción grave del derecho internacional
humanitario. Además, en el artículo 85 se agrega un gran número de violaciones
a la ya existente lista de infracciones graves. Una vez más, en el artículo 1
del Protocolo I, las Partes se comprometen a "respetar y a hacer
respetar" el Protocolo "en todas las circunstancias".
Evolución en el decenio de 1990: de los Tribunales ad hoc a la Corte Penal Internacional
Con
la instauración de los Tribunales para el enjuiciamiento de crímenes cometidos
en ex Yugoslavia (TPIY) y en Ruanda (TPIR), respectivamente, se dio un paso
importante en el largo proceso para desarrollar normas sobre la responsabilidad
penal individual en virtud del derecho internacional humanitario. Estos
Tribunales representan un progreso capital hacia la institución de una especie
de jurisdicción permanente. Asimismo, con ello se logró una mayor claridad
respecto de la esencia de lo que se está transformando en una suerte de código
penal internacional, en el sentido previsto por la Asamblea General de las
Naciones Unidas en su Resolución 95 (I) [30].
Las diversas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la instauración de tribunales para enjuiciar a individuos responsables de actos cometidos en la antigua Yugoslavia y en Ruanda contienen disposiciones relativas a los actos punibles en virtud del derecho internacional humanitario [31]. En particular, en los artículos 2, 3, 4 y 5 del Estatuto del Tribunal Internacional para ex Yugoslavia se enumeran los diferentes crímenes que caen dentro de la competencia del Tribunal. El artículo 2, sobre las infracciones graves de los Convenios de Ginebra de 1949, otorga al Tribunal la potestad de enjuiciar a personas que "cometan u ordenen cometer" dichas infracciones graves. El artículo 3 amplía el alcance de la competencia al cubrir las violaciones de las leyes y usos de la guerra. El artículo 4, por su parte, reproduce los artículos 2 y 3 de la Convención sobre el Genocidio.
El
artículo 5 autoriza al Tribunal para enjuiciar a personas responsables de
crímenes cometidos contra la población civil durante un conflicto armado
"interno o internacional". Siguiendo la tradición ya codificada, el
artículo 7 da un amplio alcance a la noción de "responsabilidad penal
individual", la cual se aplica a toda persona que "haya planeado,
instigado u ordenado la comisión de alguno de los crímenes señalados en [...]
el presente Estatuto, o lo haya cometido o haya ayudado en cualquier otra forma
a planearlo, prepararlo o ejecutarlo". En el artículo 7 se tratan tanto la
responsabilidad de las personas que desempeñan cargos oficiales (Jefes de
Estado o de Gobierno, funcionarios gubernamentales) como los efectos de las
órdenes de un superior, siguiendo las mismas líneas del Estatuto de Nuremberg y
del informe de la CDI de 1950 (Principios III y IV). Se hace allí referencia a
la posibilidad de atenuación "si el Tribunal Internacional determina que
así lo exige la equidad" (como en el artículo 8 del Estatuto de Nuremberg).
El
Estatuto del Tribunal de Ruanda parece un poco diferente, pero el enfoque
global de sus disposiciones no revela diferencias significativas [32].
Este
gran corpus de principios y de normas, todo este patrimonio jurídico ha
quedado ahora codificados de manera orgánica en un instrumento único, el
Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), aprobado el 17 de julio
de 1998 [33], por una Conferencia Diplomática de las Naciones Unidas. Los
artículos 5 al 8 del Estatuto versan sobre la definición de los crímenes que
caen dentro de la competencia de la CPI. Se trata de los "crímenes más
graves" de "trascendencia para la comunidad internacional en su
conjunto" (artículo 5). Ésta es una definición amplia que cubre, desde una
perspectiva verdaderamente universal, tanto las "infracciones graves"
como las "violaciones graves" de los Convenios de Ginebra y de las
leyes y costumbres de la guerra en general. Dichos delitos contravienen las
normas jurídicas y éticas y los principios de la comunidad internacional.
El
Estatuto de Roma aprobó una nueva tipología de crímenes que comprende cuatro
categorías en vez de tres: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de
guerra y crímenes de agresión. Como se indicó antes, en este documento no se
aborda el problema de si el crimen de agresión constituye o no un "crimen
contra la paz", según se define en el Estatuto de Nuremberg, o un
"crimen contra la paz y la seguridad de la humanidad", como se define
en el proyecto de Código preparado por la Comisión de Derecho Internacional. El
artículo 6 del Estatuto de Roma confirma, con los mismos términos, las
disposiciones de la Convención sobre Genocidio de 1948 y representa un nuevo
paso hacia la codificación de los principios y normas que parece gozar de
aceptación general. Su mayor progreso se presenta en los artículos 7 y 8
relativos a los crímenes contra la humanidad y a los crímenes de guerra. En
ellos, las disposiciones del artículo 6 del Estatuto de Nuremberg y de sus
formulaciones sucesivas han sido remplazadas por otras muy detalladas.
"Crimen
de lesa humanidad" significa - en una definición amplia- un acto
"cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático
contra cualquier población civil, y con conocimiento del ataque" (artículo
7) [34]. Se trata de un concepto tratado por derecho internacional
consuetudinario, definido en muchos instrumentos subsiguientes al Estatuto de
Nuremberg y a su artículo 6. El Tribunal Internacional para ex Yugoslavia, en
su decisión sobre el caso Erdemovic, da una clara indicación de lo que
constituye un crimen de lesa humanidad: "Los crímenes de lesa humanidad
son actos graves de violencia que perjudican al ser humano, atacando lo que le
es más esencial: su vida, su libertad, su bienestar físico, su salud o su dignidad.
Son actos inhumanos que, por su generalización y su gravedad exceden los
límites tolerables de la comunidad internacional que debe necesariamente exigir
su castigo. Pero los crímenes de lesa humanidad trascienden igualmente al
individuo pues cuando se ataca a éste, se ataca y se niega a la humanidad. Así
pues, lo que caracteriza esencialmente a los crímenes de lesa humanidad es el
concepto de la humanidad como víctima" [35]. Obviamente, no se hace
ninguna distinción entre guerra y paz, ni entre conflictos armados
internacionales o internos [36]. Lo que se identifica como principio esencial
es el concepto de humanidad en sí. El individuo, la víctima, pasa a ser parte
de un concepto mucho más amplio: el de humanidad. Existe aquí un vínculo
estrecho con la Cláusula de Martens, codificada en el IV Convenio de La Haya de
1907 - que, en su preámbulo, se refiere a "los principios del derecho de
gentes, tales como resultan de los usos establecidos entre las naciones
civilizadas, de las leyes de la humanidad y de las exigencias de la conciencia
pública"-, y confirmada por el artículo 1 del Protocolo I adicional de
1977 [37].
La
estructura del artículo 7, con sus dos partes, refleja un nuevo enfoque: en la
primera parte se enumeran los actos que constituyen crímenes de lesa humanidad
y en la segunda se dan definiciones de algunos de ellos. La inclusión del
asesinato, del exterminio, de la sujeción a la esclavitud y de la deportación,
simplemente confirma el patrimonio de Nuremberg. A lo que en el Estatuto de Nuremberg
se aludía generalmente como "otros actos inhumanos cometidos contra
cualquier población civil", en el Estatuto de Roma pasa a ser una lista de
actos que tiene en cuenta las dramáticas experiencias vividas por poblaciones
durante los últimos 50 años tanto en conflictos tanto internacionales como
internos, e incluso en los denominados tiempos de paz: "encarcelación u
otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales
de derecho internacional; tortura, violación, esclavitud sexual, prostitución
forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de
gravedad comparable; desaparición forzada de personas, el crimen de apartheid".
En la segunda parte del artículo 7 se define cada uno de estos actos. Como puede
verse, un considerable número de ellos constituye delitos de naturaleza sexual.
Desde el caso de Hagenbach, la conducta de algunos hombres en conflictos y en
otras situaciones de violencia ha sobrepasado drásticamente lo que en esa época
se consideraba delito de violación: hoy, dichos delitos se han convertido en
algo "generalizado" y "sistemático" [38]. Pero la gravedad
del delito ha sido siempre la misma: "Quien fuerce a una mujer para abusar
de ella, y se le pruebe el hecho, será condenado a muerte" [39]. Por otra
parte, los actos cometidos en ex Yugoslavia dieron lugar al concepto de
"depuración étnica" al que se refirió en sus comentarios el TPIY,
particularmente en su decisión sobre la Revisión de la Acusación contra
Karadzic y Mladic [40]. El artículo 7 concluye la lista con una categoría
amplia: "otros actos inhumanos de carácter similar que causen
intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad
física o la salud mental o física". Esta definición deja abierta la posibilidad
de incluir en el futuro otros actos, teniendo así en cuenta el hecho de que
algunos casos sometidos a la jurisdicción interna o internacional han
demostrado que el hombre es perfectamente capaz de expandir esta categoría de
crímenes, que constituye la más grave violación de la misma idea de humanidad.
El
artículo 8 del Estatuto de Roma versa sobre el concepto tradicional de crímenes
de guerra. Comparando la lista presentada en éste y la del artículo 6 del
Estatuto de Nuremberg, puede verse un enorme progreso en el proceso de definir
diversos actos como crímenes de guerra, lo que ha permitido lograr una
codificación más amplia y detallada [41].
En
un sentido amplio, los crímenes de guerra caen dentro de la competencia de la
CPI, en particular cuando "se cometen como parte de un plan o política o
como parte de la comisión en gran escala de tales crímenes" (artículo 8).
Esto significa que se ha atribuido a la CPI también jurisdicción sobre los
actos cometidos por individuos [42]. Se tratan allí diferentes categorías de
crímenes. La primera corresponde a las infracciones graves establecidas en los
Convenios de Ginebra. La segunda incluye "otras violaciones graves de las
leyes y usos aplicables en los conflictos armados internacionales, dentro del marco
del derecho internacional". La lista que sigue es sumamente detallada e
incluye 26 tipos de actos o conductas. Es la lista de crímenes más larga que
alguna vez se haya incluido en un instrumento obligatorio a nivel
internacional. La tercera categoría alude a las violaciones graves del artículo
3 común a los Convenios de Ginebra, relativo a los conflictos armados de índole
no internacional y cubre los actos cometidos contra personas que no participen
directamente en las hostilidades (actos tales como los actos de violencia
contra la vida y la persona, en particular el homicidio en todas sus formas,
las mutilaciones, los tratos crueles y la tortura; los ultrajes contra la
dignidad personal, en particular los tratos humillantes y degradantes; la toma
de rehenes y la negativa a brindar garantías judiciales "reconocidas como
indispensables"). La cuarta categoría está relacionada con "otras
violaciones graves a las leyes y los usos aplicables en los conflictos armados
que no sean de índole internacional". Las dos últimas categorías están
seguidas por cláusulas que excluyen de la competencia de la CPI los actos
cometidos en situaciones de disturbios o tensiones internos, tales como
motines, actos aislados y esporádicos de violencia, "u otros actos de
carácter similar". Se reconoce explícitamente el derecho general de los
Estados a mantener o restablecer la ley y el orden o a defender su unidad e
integridad territorial "por cualquier medio legítimo" [43]. En todo
caso, la cuarta categoría se aplica a las situaciones de "conflicto armado
prolongado entre las autoridades gubernamentales y grupos armados organizados,
o entre tales grupos", situación que corresponde a la vasta mayoría de los
conflictos internos contemporáneos.
Algunas observaciones a manera de conclusión
Las categorías de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, consideradas como parte de la categoría más amplia de crimina juris gentium, se han desarrollado de manera significativa y considerable desde la Segunda Guerra Mundial [44].
Las
características sobresalientes de la evolución descrita en estas páginas son la
proliferación de tratados y el trabajo constante para expandir el ámbito del
derecho internacional mediante la creación de nuevas jurisdicciones y la
dilucidación de conceptos tanto en disposiciones jurídicas como en decisiones
judiciales.
Cuando
se aprobó el artículo 6 del Estatuto de Nuremberg, sus disposiciones relativas
a los delitos de guerra declaraban ya su aceptación del derecho internacional
general de origen consuetudinario. Los delitos de guerra eran violaciones de
las disposiciones existentes del jus in bello. A este respecto, en la
Sentencia de Nuremberg el Tribunal declaró que "no obstante, por lo que
atañe a los delitos de guerra, como ya se ha señalado, los delitos definidos
por el artículo 6, inciso b del Estatuto estaban ya reconocidos como
delitos de guerra en virtud del derecho internacional". Estaban cubiertos
por los artículos 46, 50, 52 y 56 del Reglamento de La Haya anexo al Convenio
de La Haya de 1907 y por los artículos 2, 3, 4, 46 y 51 del Convenio de Ginebra
de 1929. Declaró además que "las violaciones de estas disposiciones
constituían delitos por los cuales los individuos culpables eran punibles está
demasiado bien determinada como para admitir argumentación alguna" [45].
Sin embargo, como ya lo hemos visto, los orígenes consuetudinarios de las
normas sobre crímenes de guerra se remontan aproximadamente a medio milenio
atrás.
La
noción de crímenes de lesa humanidad parece haber sufrido el desarrollo más
notable. Según el Estatuto de Nuremberg, los crímenes contra la humanidad
estaban ligados a los crímenes de guerra (los cuales, a su vez, estaban
vinculados a los crímenes contra la paz). El punto de referencia era la Segunda
Guerra Mundial, y se consideraban únicamente los crímenes cometidos antes de la
guerra o durante ella. Pero con la Sentencia se anticipó el carácter autónomo
de dichos crímenes: Julius Streicher y Baldur von Schirach fueron condenados
únicamente por crímenes contra la humanidad [46]. Para Streicher, esto dio
lugar a su condena a muerte. Si bien los crímenes contra la humanidad se
reconocieron de manera explícita sólo después de la Segunda Guerra Mundial, ya
se los tenía en cuenta desde mucho antes, pues se consideraba que estaban estrechamente
relacionados con el principio de humanidad, que es una piedra angular del
derecho humanitario. Von Hagenbach y otros responsables de crimina juris
gentium, en tiempo de guerra, en tiempo de paz y en situaciones limítrofes
entre ambos, cometieron actos que, a la luz del derecho internacional, podrían
calificarse de crímenes contra la humanidad. Después de 1946, quedó claro, más
allá de cualquier duda, que esta categoría de delitos había pasado a ser parte
del derecho internacional consuetudinario. La sentencia del TPIY en el caso Tadic
lo confirmó abiertamente. En el Estatuto de Ruanda se considera que los
crímenes de lesa humanidad constituyen una categoría autónoma. Ha desaparecido
su conexión con los crímenes de guerra: el artículo 1 de la Convención sobre la
imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad,
al referirse a los crímenes de lesa humanidad mencionados en el artículo 6 del
Estatuto de Nuremberg, complementa el enunciado añadiendo la frase: "cometidos
tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz" [47].
Aunque
los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad constituyen ahora dos
categorías autónomas y válidas por sí mismas, no puede negarse que a menudo
están estrechamente ligadas en los conflictos modernos, especialmente por lo
que atañe a los crímenes contra la población civil. La inclusión del asesinato,
la deportación y otros actos que conforman las largas listas de los
instrumentos recientes son ejemplos claros de conexión y superposición. La
amplitud de la gama de situaciones codificadas por los cuatro Convenios de
Ginebra y el Protocolo I demuestra que las violaciones pueden clasificarse como
crímenes de guerra y como crímenes contra la humanidad.
El
Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y la Seguridad de la Humanidad,
preparado por la Comisión de Derecho Internacional, constituyó una gran
contribución a la evolución del concepto de responsabilidad penal individual.
Ya en los proyectos de 1951 y 1954 [48], el artículo 1 disponía que "los
crímenes contra la paz y la seguridad de la humanidad son crímenes de derecho
internacional, por los que deberá castigarse al individuo responsable". En
el artículo 1 del texto de 1996 se afirma ahora que "los crímenes contra
la paz y la seguridad de la humanidad son crímenes de derecho internacional
punibles en cuanto tales, estén o no sancionados en el derecho nacional"
[49]. Con arreglo al artículo 2 "un crimen contra la paz y la seguridad de
la humanidad comportará responsabilidad individual". Por lo que atañe a la
lista de actos, el Proyecto de Código tiene en cuenta todos los progresos
descritos atrás. La definición de crimen del genocidio (artículo 17) refleja la
de la Convención de 1948 sobre genocidio, y su redacción es la misma que la del
artículo 6 del Estatuto de Roma. En cuanto al crimen contra la humanidad, el
Código (artículo 18) precisa que se trata de un acto "instigado o dirigido
por un Gobierno o por una organización política o grupo". No obstante, la
lista de tales actos es menos detallada que la del artículo 7 del Estatuto de
Roma. En particular, en vez de mencionar el crimen de apartheid, el
Código lo incluye en una disposición general sobre "discriminación
institucionalizada por motivos raciales, étnicos o religiosos que suponga la
violación de los derechos y libertades fundamentales y que entrañe graves
desventajas para una parte de la población". La lista de los crímenes de
guerra se estableció más o me nos de la misma forma que la elegida más tarde en
el artículo 8 del Estatuto de Roma, pero con una formulación menos extensiva.
Sin embargo, para todas las diferentes categorías de crímenes se afirma que son
actos "cometidos deliberadamente en violación del derecho internacional
humanitario". Se introduce una nueva disposición relativa a la protección
del medio ambiente, la cual condena "en caso de conflicto armado, el uso
de métodos o medios de hacer la guerra que no estén justificados por la
necesidad militar, con el propósito de causar daños, extensos, duraderos y
graves al medio ambiente natural, poniendo así en peligro la salud o a la
supervivencia de la población, cuando sobrevengan tales daños".
El
artículo 19 agrega una nueva disposición relativa a los crímenes contra el
personal de las Naciones Unidas y el personal asociado, perpetrados con el fin
de impedir o dificultar el cumplimiento del mandato de una operación en la que
participe dicho personal. La única excepción al artículo ocurre cuando los
miembros del personal de las Naciones Unidas participan como combatientes contra
fuerzas armadas organizadas en cumplimiento de una acción coercitiva autorizada
por el Consejo de Seguridad, de conformidad con el Capítulo VII de la Carta de
las Naciones Unidas. En ese caso, "se aplica el derecho relativo a los
conflictos armados internacionales". En el Estatuto de Roma, la protección
del personal de las Naciones Unidas se contempla en el artículo 8 (b) III y (e)
III.
No
sólo se ha ampliado la tipología de los crímenes que implican responsabilidad
individual y se le ha brindado una descripción más clara, sino que, además, se
han establecido algunos principios generales. Cuando se estudia un acto, se
tiene en cuenta el delito de omisión. Desde la sentencia de la comisión militar
estadounidense en el caso del General Yamashita sobre atrocidades
cometidas contra la población civil en Filipinas, se comenzó a considerar que
el hecho de no evitar que se perpetre un crimen es un acto tan grave como el
crimen mismo y merece igual castigo. "Cuando el homicidio, la violación y
acciones vengativas depravadas son delitos generalizados y no hay ningún
intento eficaz de un jefe militar para descubrir y controlar los actos
criminales, dicho jefe puede ser considerado responsable, en incluso ser sujeto
a sanción penal, por los actos ilegales de sus tropas" [50]. Los artículos
86 y 87 del Protocolo adicional I y el Estatuto de Roma presentan el mismo
enfoque.
Por
lo que atañe a la práctica de la codificación del derecho internacional, cabe
mencionar aquí otro progreso importante: existe una creciente conexión entre
derecho humanitario y derecho de los derechos humanos. En efecto, algunas
disposiciones sobre derecho humanitario recientemente aprobadas parecen estar
claramente influenciadas por las normas y los estándares de protección de los
derechos humanos. El Estatuto de Roma hace alusión a conceptos como
"dignidad de la persona", prohibición de los "tratos humillantes
y degradantes", "garantías judiciales", prohibición de la
"persecución" (entendida como la "privación intencional y grave
de derechos fundamentales en contravención del derecho internacional en razón
de la identidad del grupo o de la colectividad), discriminación y apartheid.
Todos estos conceptos han quedado instituidos en los instrumentos más
importantes aprobados por las Naciones Unidas para la protección de los
derechos del individuo. El principio de humanidad, en cambio, se encuentra en
el centro del derecho internacional humanitario y constituye la base de todos
los progresos discutidos en este documento [51]. Por otra parte, en el derecho
humanitario ha quedado claramente establecido el principio de la
responsabilidad individual.
Por
último, existe una creciente influencia recíproca entre derecho internacional
convencional y derecho internacional consuetudinario. Este último ha llegado a
desempeñar un papel de capital importancia, pues el derecho humanitario
contemporáneo aplicable en los conflictos armados no se limita ya a los
Convenios de Ginebra y a sus Protocolos adicionales. El derecho consuetudinario
ha acelerado el desarrollo del derecho de los conflictos armados,
particularmente en relación con los crímenes cometidos durante conflictos
internos. A este respecto, la jurisprudencia establecida por el Tribunal ad
hoc para ex Yugoslavia ha constituido un aporte importante [52].
Hemos
recorrido un largo camino desde el caso Hagenbach en 1474. Pero la idea básica
que subyace al patrimonio jurídico - cuyos fundamentos se establecieron muchos
años atrás y se han venido desarrollando desde entonces- sigue siendo la misma:
el principio de humanidad debe considerarse como la esencia misma de todo
sistema jurídico encaminado a brindar protección contra actos criminales
cometidos por individuos, tanto en tiempo de guerra - sea ésta interna o
internacional- como en tiempo de paz. No se trata únicamente de una obligación
moral, sino de una obligación fundamental en virtud del derecho internacional
consuetudinario.
Las
leyes de la humanidad y los "dictados de la conciencia pública", hoy
al igual que en el pasado, exigen esfuerzos excepcionales destinados a la
promoción de los principios y normas concebidos para garantizar una protección
eficaz al individuo que, cada vez más, en una dimensión preocupante, es víctima
de actos de violencia generalizada. La "paz y la seguridad de la humanidad",
junto con la protección de los derechos humanos y las sanciones severas a las
violaciones e infracciones graves del derecho humanitario aplicable en los
conflictos armados son parte de los bienes más importantes de la comunidad
internacional. De ello debemos agradecer ante todo al Comité Internacional de
la Cruz Roja en el cincuentenario de la aprobación de los Convenios de Ginebra
del 12 de agosto de 1949 [53].
Edoardo
Greppi
es Profesor Asociado de Derecho Internacional de la Universidad de Turín,
Italia, y miembro del Instituto de Derecho Internacional en San Remo.
Notas
(Nota del Traductor: Todavía faltan las verificaciones de las
traducciones oficiales de algunas referencias. Proximamente en línea)
1.
Véase M. C. Bassiouni/P. Nanda, A Treatise on International Criminal Law,
Springfield, 1973: S. Glaser, Droit international pénal conventionnel,
Bruselas, 1970-78; G. Sperduti, "Crimini internazionali", Enciclopedia
del diritto, XI, 1962, p. 337; N. Ronzitti, "Crimini
internazionali", Enciclopedia giuridica, X, 1988; F. Francioni,
"Crimini internazionali", Digesto delle discipline pubblicistiche,
IV, 1988, p. 464.
2. Sobre los problemas que surgen de los conflictos armados no internacionales, véase T. Meron, "International criminalization of internal atrocities", AJIL, 1995, p. 554; T. Graditzky, "La responsabilidad penal individual por violación del derecho internacional humanitario aplicable en situaciones de conflicto armado no internacional", RICR, no 145, enero-marzo de 1998, p. 31.
3. Véase L. Condorelli, A. La Rosa, S. Scherrer (dirs.), Les
Nations Unies et le droit International humanitaire/The United Nations and
International Humanitarian Law, Ediciones Pedone, París, 1996.
4. Véase G. Schwarzenberger, International Law as
Applied by International Courts and Tribunals, Vol. II: The Law of
Armed Conflicts, Stevens, Londres, 1968, p. 15; K. Ögren, "El derecho
humanitario en los Artículos de Guerra decretados en 1621 por el Rey
Gustavo Adolfo II de Suecia", RICR, no 136, julio-agosto de 1996,
p. 472. Los Artículos de Guerra suecos, que tuvieron considerable
influencia en Europa, estaban basados, al mismo tiempo, en los primeros modelos
continentales del siglo XVI.
5. Véase Schwarzenberger, op. cit. (nota 4), p.
462.
6. Véase Y. Dinstein, The Defence of
"Obedience to Superior Orders" in International Law, Leiden,
1965; E. Muller-Rappard, L'ordre supérieure militaire et la responsabilité
pénale du subordonné, París, 1965; L.C. Green, Superior Orders in
National and International Law, Leiden, 1976; G. Sacerdoti, "A
proposito del caso Priebke: la responsabilità per l'esecuzione di ordini
illegittimi costituenti crimini di guerra", Rivista di diritto
internazionale, 1997, p. 130; P. Gaeta, "Rilevanza dell'ordine
superiore nel diritto internazionale penale", Rivista di diritto
internazionale, 1998, p. 69.
7.
De acuerdo con Schwarzenberger, en un marco de derecho cuasi-internacional,
cuya característica es "un estado de igualdad de facto en el que
los entes manejan sus relaciones mutuas como si fueran sujetos de derecho
internacional", el Sacro Imperio Romano "se había desintegrado a tal
punto que las relaciones entre sus miembros se manejaban en unas condiciones
difíciles de diferenciar de las relaciones internacionales". Op. cit.
(nota 4), p. 464.
8. Texto en D. Schindler/J. Toman, The Laws of
Armed Conflicts: A Collection of Conventions, Resolutions and other Documents,
Martinus Nijhoff/Instituto Henry Dunant, Dordrecht/Ginebra, 3ª ed., 1988, p. 5.
9. Texto en The Treaties of Peace 1919-1923,
Vol. I, Carnegie Endowment for International Peace, Nueva York, 1924, p. 121.
10. Textos en J. B. Scott, The Hague Conventions
and Declarations of 1899 and 1907, Carnegie Endowment for International
Peace, Nueva York, 1915; Schindler/Toman, op. cit. (nota 8).
11.
"A petición de un beligerante deberá abrirse una investigación según la
forma que ha de fijarse entre las partes interesadas, a propósito de toda
violación del Convenio que se alegase; una vez comprobada la violación, los
beligerantes le pondrán término y la reprimirán lo más pronto posible". (art. 30). Texto en Schindler/Toman, op. cit. (nota 8),
p. 325. Texto en español en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana
de España, Madrid, 1998, p. 169 (N. del R.).
12.
"Violaciones graves a las leyes y costumbres de la guerra" es un
concepto más amplio que el de "infracciones graves".
13.
Sobre la responsabilidad del Estado, véase R. Ago, Scritti sulla
responsabilità internazionales degli Stati, 2 vol., Nápoles, 1978-1986; I.
Brownlie, State Responsibility, Oxford, 1983. Sobre los crímenes de Estado, véase también J. Weiler/A. Cassese/M. Spinedi
(dirs.), International Crimes of State, Berlín, 1989; G. Carella, La
responsabilità dello Stato per crimini internazionali, Nápoles, 1985; A.
Cassese, "Remarks on the present legal regulation of crimes of
States", B. Conforti, "In tema di responsabilità degli Stati per
crimini internazion ali", y M. Sahovic, "Le concept du crime
international de l'État et le développement du droit international", en Essays
in Honnour of Roberto Ago, Milán, 1987.
14.
"Por primera vez, en un texto convencional se prevén y definen
expresamente en sus elementos constitutivos, los crímenes de guerra, los
crímenes contra la paz y los crímenes de lesa humanidad". P. Daillier/A. Pellet, Droit international public, París, 1999, p.
676. Véase
también D. W. Grieg International Law, Londres, 1976, p. 115; M.
Giuliano/T. Scovazzi/T. Treves, Diritto internazionale, Parte generale,
Milán, 1991, p. 183.
15.
Artículo 1 del Acuerdo de Londres para el establecimiento de un Tribunal
Militar Internacional encargado del juicio y castigo de los principales
criminales de guerra del Eje europeo, del 8 de agosto de 1945, en
Schindler/Toman, op. cit. (nota 8), p. 911.
16. Véase E. Schwelb, "Crimes against humanity",
BYIL, 1946, p. 178; J. Graven, "Les crimes contre l'humanité",
RCADI, 1950, I, p. 425; M. C. Bassiouni, Crimes Against Humanity in
International Criminal Law, Dordrecht, 1992; E. Zoller, "La définition
des crimes contre l'humanité", Journal du droit international,
1993, p. 549.
17.
En comparación con el artículo 227 del Tratado de Versalles, ya no existe
ninguna referencia a la "inviolabilidad" de los tratados.
18.
Una disposición similar (con menos especificaciones) se encuentra en el
Estatuto del Tribunal de Tokio, art. 5.
19. Trial of the Major War Criminals before the
International Military Tribunal, Nuremberg, 14 November 1945-1 October 1946,
Documentos Oficiales y Actas, Nuremberg, 1947. Véase también T. Taylor, The
Anatomy of the Nuremberg Trials, Nueva York, 1922; R. H. Jackson, The
Nüremberg Case, Nueva York, 1948, y The Case Against the Nazi War
Criminals, Nueva York, 1945; H. Donnedieu de Vabres, "Le procès de
Nuremberg devant les principes modernes du droit pénal international", RCADI,
1947, I, p. 481; M. Merle, Le procès de Nuremberg et le châtiment des grands
criminels de guerre, París, 1949; Schwarzenberger, op. cit. (nota
4), p. 467; G. Ginsburg/V. Kuriastev (dirs.), The Nuremberg Trial and
International Law, Dordrecht, 1990. Sobre el Tribunal de Tokio, véase B.
Rölling/A. Cassese, The Tokyo Trial and Beyond, Oxford, 1993.
20. Schindler/Toman, op. cit. (nota 8),
p. 921. Texto en español en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana
de España, Madrid, 1998, p. 665 (N. del R.).
21.
"Desde entonces, el artículo 6 del Estatuto de Nuremberg representa el
derecho internacional general". I. Brownlie,
Principles of Public International Law, Oxford, 1991, p. 562. Sostienen
la misma posición: M. Shaw, International Law, Cambridge, 1998, p. 471;
y Daillier/Pellet, op. cit. (nota 14), p. 677.
22.
Schindler/Toman, op. cit (nota 8), p. 923. Texto en español en E.
Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1998, p. 666
(N. del R.).
23. Schindler/Toman, op. cit (nota 8), p. 231. Texto en
español en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid,
1998, p. 193 (N. del R.). Véase también Brownlie, op. cit. (nota 21), p. 562; R. Lemkin, "Genocide as crime
under international law", AJIL, 1947, p. 145; J. L. Kunz, "The
United Nations Convention on genocide", AJIL, 1949, p. 738; N.
Robinson, The Genocide Convention: A Commentary, Nueva York, 1960.
24. Reservations to the Convention on the
Prevention and Punishment of the Crime of Genocide, Advisory Opinion of 18
May 1951, I.C.J. Reports, 1951, p. 23.
25. Schindler/Toman, op. cit. (nota 8),
p. 637. Textos en español en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana
de España, Madrid, 1998, pp. 197-338 (N. del R.). Véase también los comentarios
publicados bajo la dirección de Jean S. Pictet, CICR, Ginebra, 1952-1 956;
G.I.A.D. Draper, "The Geneva Conventions of 1949", RCADI,
1965, I, p. 59.
27.
Pero no hay duda de que las infracciones graves constituyen "crímenes de
guerra". Véase Brownlie, op. cit. (nota 21), p. 563;
J.A.C. Gutteridge, "The Geneva Conventions of 1949", BYIL,
1949, p. 294.
28. Art. 28, Schindler/Toman, op. cit. (nota 8),
p. 745. Texto en español en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana
de España, Madrid, 1998, p. 368 (N. del R.). El Art. 85, aptdo. 4(d) del Protocolo I estipula que, bajo
ciertas condiciones, también constituyen crímenes de guerra los ataques contra
monumentos históricos, obras de arte o lugares de culto. Véase M. Frigo, La protezione dei beni culturali
nel diritto internazionale, Milán, 1986; J. Toman, The Protection of
Cultural Property in the Event of Armed Conflict, París, 1996.
29.
Textos en Schindler/Toman, op. cit. (nota 8), p. 621. Textos en español
en E. Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1998,
pp. 390-445 (N. del R.). Véase también Y.
Sandoz/C. Swinarski/B. Zimmermann, Commentary on the Additionnal Protocols
of 8 June 1977 to the Geneva Conventions of 12 August 1949, ICRC/Martinus
Nijhoff, Ginebra, 1987.
30.
Op. cit. (nota 20).
31.
Statute of the International Tribunal for the Prosecution of Persons
Responsible for Serious Violations of International Humanitarian Law Committed
in the Territory of the Former Yugoslavia since 1991, aprobado el 25 de
mayo de 1993 mediante la Resolución del Consejo de Seguridad 827/1993: texto en
el Doc. S/25704 (1993) de las Naciones Unidas. Estatuto del Tribunal
Internacional para el enjuiciamiento de los presuntos responsables de
violaciones graves del derecho internacional humanitario cometidas en el
territorio de la ex Yugoslavia a partir de 1991. Texto en español en E.
Orihuela Calatayud, McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1998, p. 692
(N. del R.). Véase también E. David, "Le Tribunal international pénal pour
l'ex-Yugoslavie", Revue belge de droit international, 1992, p. 565;
A. Pellet, "Le tribunal criminel international pour l'ex-Yugoslavie -
Poudre aux yeux ou avancée décisive?", Revue générale de droit
international public, 1994, p. 7; D. Shraga/R. Zacklin, "The
International Criminal Tribunal for the Former Yugoslavia", European
Journal of International Law, 1994, p. 360; A. Cassese, "The
International Criminal Tribunal for the FormerYugoslavia", en Studi
Panzera, Bari, 1995, I, p. 235; G. Carella, "Il Tribunale penale
internazionale per la ex-Yugoslavia", en P. Picone (dir.), Interventi
delle Nazioni Unite e diritto internazionale, Padua, 1995, p. 463; P.
Tavernier, "La experiencia de los Tribunales Penales Internacionales para
ex Yugoslavia y para Ruanda", y M.C. Roberge, "Jurisdicción de los
Tribunales ad hoc para ex Yugoslavia y Ruanda por lo que respecta a los
crímenes de lesa humanidad y de genocidio", RICR, no 144,
noviembre-diciembre de 1997, pp. 645 y 695, respectivamente.
32.
En el Estatuto se mencionan, en primer lugar, el genocidio y los crímenes de lesa
humanidad y se agrega una referencia al artículo 3 común a los Convenios de
Ginebra y al Protocolo II adicional de 1977. Estas diferencias se explican por
el contexto peculiar del conflicto de Ruanda.
33.
Doc. A/CONF.183/9 de las Naciones Unidas. Acta Final: Doc. A/CONF.183/10 de las
Naciones Unidas. Véase también F. Lattanzi (dir.), The International
Criminal Court: Comments on the Draft Statute, Nápoles, 1998; F.
Lattanzi/E. Sciso (dirs.), Dai Tribunali penali internazionali ad hoc a una
Corte permanente, Nápoles, 1996; P. Ungari/M. P. Pietrosanti Malintoppi, Verso
un Tribunale permanente internazionale sui crimini contro l'umanità, Roma,
1997.
34.
Donat-Cattin, "Crimes against humanitiy", en Lattanzi (dir.), op.
cit. (nota 33), p. 49.
35.
Decisión del 29 de noviembre de 1966, Doc. IT-96-22-T de las Naciones Unidas.
36.
Este principio ya había sido afirmado por el TPIY en el caso Tadic,
sentencia del 7 de mayo de 1997, Doc. IT-94-1-T de las Naciones Unidas. El
Estatuto del Tribunal de Ruanda no hace ninguna distinción por cuanto la
mayoría de crímenes cometidos en el primer período carecían del carácter de
haber sido ejecutados en una situación de conflicto.
37.
Véase S. Miyazaki, "The Martens Clause and international humanitarian
law", en C. Swinarsky (dir.), Studies and Essays in Honour of Jean
Pictet, CICR, Ginebra, 1984, p. 433; P. Benvenuti, "La clausola
Martens e la tradizione classica del diritto naturale nella codificazione del
diritto dei conflitti armati", en Scritti degli allievi in onore di
Giuseppe Barile, Padua, 1995, p. 171.
38. Véase T. Meron, "Rape as a crime under
international humanitarian law", AJIL, 1993, p. 424; K. D. Askin, War
Crimes against Women, Prosecution in International Law, La Haya, 1997.
39. Art. 88, Articles of War, en Ögren, op.
cit. (nota
4), p. 441.
40.
Doc. IT-95-5-R61 de las Naciones Unidas.
41. Véase H. H. Jescheck, "War crimes", Encyclopedia
of Public International Law, 4, p. 294; Y. Dinstein/M. Tabory (dirs.), War
Crimes in International Law, La Haya/Boston/Londres, 1996; T. L. H.
McCormack/J. Simpson (dirs.), The Law of War Crimes. National and
International Approaches, La Haya, Boston, Londres, 1997; P. Lamberti
Zanardi/G. Venturini (dirs.), Crimini di guerra e competenza delle
giurisdizioni nazionali, Milán, 1998; C. Keith Hall, "The Jurisdiction
of the permanent International Criminal Court over violations of humanitarian
law", en Lattanzi, op. cit. (nota 33), p. 19; M. Lachs, War
Crimes: An Attempt to Define the Issues, Londres, 1945. Daillier/Pellet, op. cit. (nota 14), p. 679: "La structure
interne d'apparence complexe répond à un souci d'efficacité face à la diversité
des conflits armés -internationaux et non internationaux- et à l'opposabilité
variable des acquis conventionnels de 1949 et de 1977 aux États".
43.
Sin lugar a dudas, estas disposiciones deben interpretarse de manera muy
estricta.
44. B. Conforti, Diritto internazionale, Nápoles,
1997, p. 204.
45. Trial of the major war criminals before the
International Military Tribunal, op. cit. (nota 19), p. 253.
46.
Ibid., pp. 301-304 y 317-320. Véase
también L. Oppenheim, International Law, R. Jenning y A. Watts (dirs.),
Part 2, Londres, 1992, p. 996.
47.
Aprobado el 26 de noviembre de 1968. Texto en Schindler/Toman, op. cit.,
(nota 8), p. 925. Texto en español en E. Orihuela Calatayud,
McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1998, p. 376 (N. del R.).
48. Yearbook of the International Law Commission,
Vol. II, 1954.
49. Texto en Yearbook of the International Law
Commission, Vol. II(2), 1996. Texto en español en E. Orihuela Calatayud,
McGraw-Hill/Interamericana de España, Madrid, 1998, p. 818 (N. del R.).
50. Fallo del 7 de diciembre de 1945, UN War Crimes
Commission, 4 Law Reports of the Trials of War Criminals, 1948, 3.
51.
E, Greppi, "Diritto internazionale umanitario dei conflitti armati e
diritti umani: profili di una convergenza", en La comunità
internationale, 1996, p. 473. Sobre las relaciones entre derecho
internacional humanitario y derecho de los derechos humanos, véase la
bibliografía en RICR, nº 147, septiembre de 1998, p. 618.
52.
Véase L. Condorelli, "Il sistema della repressione dei crimini di guerra
nelle Convenzioni di Ginevra del 1949 e nel primo Protocollo addizionale del
1977", en Lamerti Zanardi/Venturini, op. cit. (nota 41), p. 26. Véase también T. Meron: "War
crimes in Yugoslavia and the development of international law", AJIL,
1994, p. 70; A. Cassese, "The International Tribunal for the Former
Yugoslavia and the implementation of international humanitarian law", en op.
cit. (nota
3), p. 229.
53.
El cincuentenario ofrece una excelente oportunidad para la reflexión, porque
"algunos aniversarios evocan inevitablemente recuerdos vigorosos" (C.
Sommaruga, "Retos humanitarios en el umbral del siglo XXI", RICR,
no 133, p. 21). Sobre el papel del CICR y de
las Naciones Unidas, véase H.-P. Gasser, "The International Committee of
the Red Cross and the United Nations involvement in the implementation of
international humanitarian law", en op. cit. (nota 3), p. 259.
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